Esos dolores crónicos que nos acompañan plenamente por grandes ciclos, esos malestares y esas enfermedades “crónicas”.

 

Esa canilla que gotea en el baño y esa puerta floja de la cocina, la puerta del horno que cierra a medias. En el cotidiano convivimos con pequeñas cosas que se nos hacen costumbre, y lejos de cumplir su función convencional se adaptan a otra nueva. Nuestra percepción basada en la costumbre de observar, la rapidez con que tenemos que llegar a todos lados y lo poco que nos detemos, nos invaden en la capacidad de mirar y reconocer su disfuncionalidad.

 

Como en la salud, el envejecimiento y los objetos cercanos, acumulamos costumbres de malestares y dolores, o repercusiones en el físico.

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