Una guerra, el conflicto, situaciones traumáticas, como la punta de un icerberg son propulsores que nos llevan a pensar cuál es el origen de estos “desórdenes” que vemos en la realidad. 

A nivel individual se manifiesta lo social, las polaridades existen. Podemos identificarnos con malestares físicos, pensamientos obsesivos, manipulaciones, control, y desde esa perspectiva crear una realidad. Acaso no te pasó que buscabas un objeto perdido y “no estaba”; y cuando va otra persona, lo busca, exactamente en el lugar que estabas buscando, y lo encuentra? 

Las realidades funcionan para nuestra psique como relatos, la existencia de experiencias previas traumáticas, creencias (sociales, heredadas o propias), se alojan en nuestro registro mental, por eso ante un episodio reflejaremos esos relatos incorporados ya que el cerebro como mecanismo de ahorro de energía y preservación va a identificar y manifestar realidades. 

Hoy, motivados por la hiperconectividad, tenemos acceso a un sin fin de información, resulta a veces hasta autoimpuesto, con las aplicaciones que nos enseñan que podemos regular el consumo de nuestro apetito cognitivo. Consiste fervientemente, en estar atento, implementar la disciplina de discernir efectivamente ¿qué estamos buscando?

Las emociones van a florecer como canales internos, la tarea a abordar suele presentar la oportunidad de no identificarse con ellas, sin hacer identidad en las mismas. Se trata de estar constantemente en acecho de nuestro accionar. 

“El cuerpo colectivo funciona como uno individual, si el sistema es neurótico, engendra, inmediatamente, estructuras autodestructivas. El poder que otorga un estado enfermo es un poder sospechoso.”

¿De qué manera vas a ver la próxima noticia que leas?

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