La actividad predilecta en este aislamiento social voluntario, llevo a muchos emprendedores a modificar su mercado, la oferta de productos y servicios, intentando mantener la razón de ser del emprendimiento.

El ecosistema su desarrollo y la alquimia que hace una vez más espacio en nuestras vidas. En esta oportunidad con el protagonista principal: el plástico. Un material muy involucrado en nuestras vidas, que se nos presenta desde cualquier instancia de consumo, sea alimento o no, que ante muchos ojos es simplemente un elemento de descarte y carente de valor.  

Despertando consciencia para la comunidad, respeto y cuidado en el contexto en el cual sobrevivimos, es que se manifestó la costumbre de armar botellas rellenas de material descartable de plástico, compactas. Desde la idea de eco ladrillos, hasta las denominadas botellas de amor, se incentiva la consciencia del uso del plástico en nuestras vidas.

Cada vez son mayores los puntos de entrega y emprendimientos que se interiorizan en la técnica. En esta oportunidad la fusión de cultivarte y 4e madera plástica, siendo el primero un proyecto con el objetivo de acercar el mundo de huertas y composteras a personas, empresas o instituciones interesadas, que fusiona su proyecto a través de la presentación de sus servicios en macetas de maderas de plástico, un alternativa en la fabricación de materiales de construcción sostenibles y mediante el aprovechamiento  de residuos plásticos.

Las botellas rellenas se transforman mediante un proceso de separación, triturado y compactación en madera plástica. Brindando un material resistente, constituido por plásticos de un solo uso que al día de hoy no se suelen reciclar en otros sistemas de gestión industrial de residuos.

Este sistema de fabricación mitiga la problemática de los plásticos descartables y la explotación forestal irracional. La visión integral de entorno urbano sin atentar contra el medio ambiente.

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