Replantearse la manera de hacer las cosas no significa que sepamos implementar en la realidad, nuevos modelos.

Un tiempo donde la incertidumbre es una constante, nos invita a cuestionamientos profundos y delimitaciones de lo que ya no coincide, dejó de encajar o el embrague dejó de hacer coincidir las marchas.

¿Es posible hacerse espacio para redirigir esfuerzos en estos tiempos donde la moneda corriente es el crecimiento? Tener más, consumir más, obtener más títulos, mejores herramientas ¿ y el tiempo para atravesar e integrar esos conocimientos?

Querer compararnos con máquinas, corriendo tras la ansiada productividad. Creamos un mundo de máquinas, que en lugar de suplantarnos, mimetizamos su funcionamiento, tareas repetitivas, un ritmo de trabajo constante, una despiadada eficiencia. Incluso lo denominamos con admiración. 

Hacer una pausa, implica socialmente con una menor productividad, dilataciones y quedar “fuera” de este entorno implacable. 

A veces las cosas tienen que madurar, comprender los ciclos, consiste también en crear el tiempo. Quizás hacernos a un costado de la eterna cinta que no frena, para brindarnos un cauto consejo.

De vivir con el ejemplo de lo aprendido, de llevar al día, la capacidad de expandirnos y ser responsables de ese crecimiento que tanto anhelamos.

Tener la capacidad de responder desde nuestra madurez consciente ese deseo.

 

 

 

 

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