Poner el foco en lo cotidiano, en descubrir el modo en que hacemos las cosas y qué sentido tienen. 

¿Cuál sería el ingrediente mágico en la búsqueda del propósito? Se trata de valorar el sentido, el para qué. Sabiendo el efecto que tiene en nuestro círculo, si logramos compartir aquello que nos motiva día a día y así marcar a los demás.

Primero se trata de trabajar en uno mismo, comenzar por implementar herramientas simplemente para nosotros. Por el simple hecho de querer interpretar en nuestra realidad.

Lo que en el mercado se llamaría un rebranding, someternos a crear nuestro propio método, descubrirlo, implementar, perfeccionarlo con nuestros aprendizajes y compartirlo. 

¿Qué mejor que ser el reflejo de aquel territorio anhelado? 

Un propósito marca una dirección, se trata de recordar ante cualquier simple acto cotidiano que haga, si realmente coincide con esa búsqueda. 

Definirlo es el primer paso, simple, breve y que lo puedas recordar.

Como toda disciplina y fortaleza de gestionar el tiempo, se trata de ser constantes, armar una rutina y voluntad para con nosotros. Y atrevernos a jugar, con nuestras identificaciones, poner nuestra vida cotidiana en jaque. 

Una vez transitado con nosotros, poner a accionar a los demás, ¿cómo podemos hacer que también lo prueben lo implementen los demás? 

Y así quien te dice gestionar una carrera profesional, detrás del valor y crecemos detrás de hacer crecer a los demás. Creamos un método para compartir el conocimiento.

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