El 17 de marzo de 1992 a las 14.47 un coche bomba voló el edificio de la sede diplomática israelí en la esquina de Arroyo y Suipacha, obra de la Jihad Islámica, brazo armado del Hezbollah. La investigación de la Corte Suprema fue un total fracaso. Durante años ni siquiera se estableció el número exacto de víctimas, finalmente fijado en 22. No hubo detenidos ni se sabe cómo se planificó el ataque.

El edificio entero se derrumbó como un castillo de arena socavado por el mar. Eran las 14.50 del martes 17 de diciembre de 1992, hace 30 años: la embajada y el consulado de Israel, en Arroyo 910 y 916 ya no existían más.

Al tremendo estallido le siguió el silencio profundo que sigue a las catástrofes, hasta que fue quebrado por los gritos de los heridos, los pedidos de auxilio y las corridas de quienes intentaban ayudar. La explosión, todavía no se sabía con exactitud qué había pasado, había afectado también al colegio Josefa Capdevila de Gutiérrez, un jardín incorporado a la parroquia y colegio Mater Admirabilis, del que estaban por salir a la calle ciento noventa y dos chicos de tres a cinco años, guiados por veintidós adultos, y a la residencia de ancianos Hogar San Francisco, donde murió al menos una persona.

Siete años después, en 1999, la Corte Suprema de Justicia, que tuvo a su cargo la investigación porque el atentado afectaba a otro país, estableció la “materialidad del hecho” y lo describió en estos términos: “(…) Que el día 17 de marzo de 1992, aproximadamente a las 14.47 hs., una camioneta Ford F 100, dominio C 1.275.871, se trasladó por la calle Arroyo de esta Capital Federal, ascendió a la vereda con sus dos ruedas derechas, frente al número 916 de la arteria mencionada -sede del consulado del Estado de Israel en Argentina-, produciéndose de inmediato una explosión de considerables dimensiones. Que el hecho ocurrió minutos después de que la seguridad interna de la sede diplomática había concluido una de sus rondas habituales y en momentos en que el personal policial, que como servicio adicional tenía a su cargo la custodia externa de la sede diplomática, estaba ausente. Que el origen del estallido fue una carga explosiva constituida de una mezcla de tetranitrato de pentaeritrita -PETN, pentrita- y de trinitrotolueno -TNT, trotyl-, en una proporción estimada en 50-50%, ubicada en la parte posterior derecha del vehículo”.

La Corte también dio por probado que el atentado fue obra de la Jihad Islámica, brazo armado de Hezbollah, un partido político pro iraní que actúa en el Líbano. Nunca fueron hallados, ni juzgados, los culpables. En 2010, el embajador de Israel en Argentina, Daniel Gazit, declaró que el servicio de inteligencia de su país, Mossad, había llevado adelante una investigación del atentado, de la que no se conocieron los resultados, y que Israel había eliminado a sus autores.

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