El pasado viernes se estrenó un nuevo film protagonizado por Ema Stone: Cruela.

como un rebranding es un suceso contar las historias de los villanos, de las películas de los 90’, contar la historia que construyó el personaje que ejerce el rol de regular los recursos de otros. Sobre todo contar las vivencias que lo llevaron a impermeabilizar situaciones de empatía. 

Desde historias en que las pérdidas vinculares sucedían continuamente, las innumerables desgracias reflotaron en un villano despreciado, solitario y con sed de venganza. 

La productividad, como actriz principal, que desencadena listas interminables de paradigmas sociales: es productivo quien se fija en uno mismo; quién se comporta de manera agresiva y defiende sus propios intereses; quien, sin considerar los modos, pretende llegar a su propio fin, o la ilusión de satisfacción que se esconde a través de alcanzar esa meta. 

Hasta el punto de reconocer, abatida por la derrota, que en cada individualidad se reconoce la riqueza de la diversidad. Entre la ayuda inesperada de un mayordomo “fiel” y su equipo de aventuras delictivas, resultan un buen equipo para desenmascarar el oculto personaje detrás de un gran éxito en el mundo de la moda, nos demuestra (otro punto a favor de las redes de comunicación) los movimientos y sistemas de apoyo. Estas proliferan procurando reunir a la gente promocionando causas comunes que resuenen. 

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