Empieza con un simple acto, que a muchos nos resulta altamente desconcertante: apreciarnos y tener gratitud con nosotros, no se necesitan grandes cosas externas que nos acrediten, agradecer las cosas que genero. Pequeñas cosas y en el diario habilitar la motivación, nuestras decisiones y la responsabilidad que ejercemos con las mismas. Reconciliarnos con el poder de reconocer nuestro propio camino. 

La cabeza piensa como la nariz huele, los oídos oyen, es su mecanismo, se trata de traerla al momento actual, en donde estamos transitando cada paso. Reconociendo el ir y venir del peso y la fuerza ejercido para avanzar. 

Hay emociones, ni buenas ni malas, se sienten en el cuerpo, la cabeza también es parte del cuerpo. Son movimientos, que cambian, sensaciones físicas, pensamientos. Una emoción es un sistema preparativo del ambiente.  Discernir qué es un momento de profunda actividad, detenerme ¿qué sentido tiene esto? ¿cuanto hago y cuánto me limita la emoción?¿quiero estar acá?¿ para qué estoy? ¿De que tengo ganas?

Conectar con uno, el amor propio, conectar con la vulnerabilidad , abierta y se muestra, con lo que se identifica y con lo que se limita. 

Nuestro sistema nervioso se calma, en presencia de otro. Así como también al manifestar en imágenes, aquellas cualidades que nos calman, como un recurso interno al alcance de nuestras manos.

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