El proceso venia incubándose desde los últimos 4 años, en la manera del gobierno de vincularse con la sociedad a través de estudios de la opinión pública.  Marcando como estrategia: los números rigurosos de las encuestas y definir por asimetría lo que no era. Definiendo así el perfil del votante e identificándose en construir un nuevo elector por contraste, lo nuevo y lo viejo, la bella y la bestia.

Jugaron un rol fundamental los medias privados a fin de construir este perfil, donde desembocaban los datos estratégicos de cada investigación.

A una semana de conocerse los resultados de las paso esa noche del 11 de agosto, el principal estratega electoral ecuatoriano abordó un avión rumbo a la ciudad de Quito, una salida del país que desencadena múltiples interpretaciones y simbolismos, ¿será acaso una carta de derrota?

Las facturas internas del equipo del cambio no paraban de emitirse, parece ser que la comunicación a la carta y algoritmos, no fueron suficientes, para ganarle al territorio, la política y la economía. Aquí juega un rol fundamental el retiro del frente de todos de ese escenario de contrincante, que utilizaba el gobierno para construir su identidad, sin adversario, la agenda los dejaba sin respuesta.

¿Acaso se creyó como real la vida que transita en las redes sociales? La comunicación y tecnologías digitales se consideran hoy en día como una herramienta de la política, sin embargo, al no estar alimentada por políticas publicas que generen contenido la eficiencia en materia de innovación de campaña se desdibujan.

Share This