Todo deseo o afán de construir algo en nuestra vida, de experimentar bienes materiales, inmuebles, rodados, relaciones, experiencias, viajes, puestos laborales, roles independientes o ejercicios de poder.

A casi todos aquellos llegamos al ejercer la motivación de vernos desplegados desde lugares que antes eran desconocidos, explorar esas nuevas sensaciones. Traen con ellas, emociones que registran a nuestro inconsciente en un ejercicio nuevo y sobrepasan su tarea de supervivencia.

Emociones como el riesgo, claramente estamos en una zona desfavorable para el piloto automático que busca el ahorro de energía. La emoción de incertidumbre, como cuando transitamos una ruta nueva sin señal en el gps, buscamos el retorno continuamente, ¿y si esta la consideramos como nuevo escalón? Así como también la exposición emocional, nos deviene otro obstáculo y una emoción peculiar: el afamado miedo.

Siendo cada uno un escalón, depende la escalera que decidamos abordar, nos invita a trascender o nos invita a reforzar estructuras mentales conocidas.

Estas tres emociones descritas anteriormente (el riesgo, la incertidumbre y la exposición emocional) son disparadores que bifurcan en dos caminos muy diversos: nos estimulan o nos amenazan.

La estimulación, salpicada de valentía nos motiva a generar una disciplina enfocada en el orden y sentido que pretendemos para nuevos desafíos.

La amenaza, nos va a fortalecer en sentimientos de vulnerabilidad, donde lo externo nos acecha y nos invade, radicando de miedos nuestra realidad.

A veces la moneda la dejamos caer para el lado que sinceramente queremos reforzar.

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