Fue tema candente en la última semana, diferentes dirigentes, víctimas de la explotación sexual y la trata y la lección del trabajo sexual, entre abolicionistas o regulacioncitas se deja soslayar miradas más conciliatorias y otras más radicales.

Combatir una realidad que se dice poco y se sostiene, condenada a la ilegalidad, las protestantes manifiestan estar atadas de manos para combatir la trata y el proxenetismo.

Algunos afirman hasta un manto de hipocresía al mirar la prostitución y decir que ninguna mujer elige ser puta, sin cuestionar otros trabajos en que también puede haber explotación.

¿Por qué los clientes de las trabajadoras sexuales se los etiqueta de ser más machistas que los jefes de fábrica, los compañeros del banco o los jueces? Se preguntan muchas.

Desde el otro lado muchas activistas travestis aseguran que desde una sociedad que cómo única opción de supervivencia para personas travestis y trans, es la prostitución, y cómo esta los empujan a este mundo, deja de contener capacidad de ser considerada como un trabajo. El discurso abolicionista resulta ser ideal, aunque ¿cuánto de realista carga? ¿Sería algo resolutivo?

La Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina AMMAR nuclea aproximadamente 6.5 mil trabajadoras sexuales a nivel nacional, se proclama como pro derechos, e intentan no romantizar el trabajo sexual, aunque si exigen dejar de tener que trabajar en la clandestinidad, y que se confunda con un delito como es la trata y el proxenetismo.  Observarlo como un intercambio comercial, como muchos otros servicios, cuando son mayores de 18 años y buscan ser reconocidas como trabajadoras por ley, y poder facturar a través del monotributo, tener obra social, derechos y obligaciones.

Se dio lugar público al debate, discusión que atraviesa hace décadas la sociedad y a la vez divide, ¿la prostitución puede ser considerada un trabajo que se elige y desarrolla libremente? ¿O es siempre una situación en la que hay una mujer vulnerada y víctima de un sistema que la violenta?

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