Si bien fomentar el reciclado es vital y gana mayor fuerza con el correr de los años, si tenemos que hablar del plástico, evitar su consumo y combatir el paradigma del descarte es una habilidad vital para el ecosistema.

Con pocas propuestas tratadas en el congreso y baja capacidad de inversión en la logística inversa, las políticas públicas de reciclado se desdibujan en la agenda. 

En lo que respecta a políticas de países cercanos, la responsabilidad recae sobre las empresas creadoras de dicho material, auditando sobre el tratamiento después de su consumo, conocida como responsabilidad extendida del productor.

Si analizamos algunos datos en el mundo se registran números de producción cercanos a los 78 millones de toneladas de plástico, si precisamos representarlo de manera gráfica, equivale a 7.200 torres Eiffel.  De esa cantidad producida el 70% finaliza en un basural (seguramente a cielo abierto y todo lo que implica) o en el ambiente, mares y ríos; sólo un 14% se recicla. 

En el territorio argentino esta tarea la aborda individualmente cada municipio, generando así una multiplicidad de libres pensadores y faltantes de prácticas, automatizaciones y controles en el reciclado.

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