Marcelina Criaza, supo navegar 15 km desde el emblemático puerto de Mar del Plata, hasta encallar en unas de las playas públicas costeras de la ciudad feliz.

Los relatos, son variados, lo cierto que fue una noche de una feroz tormenta, su nombre, se lo debía a la madre del dueño.

Él mismo inauguró los mares a fines de enero de 1960, con los ritos claramente dedicados a semejantes lanzamientos: botella de espumante estrellada contra el casco.

Sus travesuras navieras en aguas Europeas acontecieron hasta el año 1977, donde un contrato empresarial lo trajo al país. Tres años después, el fuego lo dejaría paralizado en las amarras, sin poder ser reparado a tiempo.

Tras 11 años entrelazado al puerto de la ciudad que lo cobijó, el 20 de junio de 1991 las aguas embravecidas hicieron que se desatará y Marcelina emprendiera su última travesía.

Hoy tras 30 años, desde la costa un poco más allá de la rompiente de la playa, se pueden ver los restos oxidados.

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